Galería Zúccaro
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JOSEP MARIA SOLÀ
CULMEN DE MAESTRÍA Y VERACIDAD EN EL PAISAJISMO DE JOSEP Ma. SOLA
La galería de arte Zúccaro, fiel a sus exigencias en cuanto a la belleza en la creación pictórica, ha venido mostrando con frecuencia en sus paramentos pinturas de paisaje, casi siempre levantina o catalana, de primerísimo orden; pero ahora ha "rizado el rizo" en esa actitud exigente al reunir en su sala un conjunto de paisajes del artista catalán Josep Ma. Sola, que es senzillamente insuperable, por la maestría de su dicción expresiva, y por la belleza que impera en su veracidad, su luz y su júbilo cromático.
No es extraño que le alaben con entusiasmo tres expertos tan exigentes como son el crítico de arte Josep Ma. Cadena, y los pintores Colomer y Carbonell. Igual hubieran hecho, de haber sido posible en su día, los padres de la criatura -la pintura española de paisaje- Carlos de Haes y Aureliano de Beruete.
Ese aldabonazo que resonó en la "Escuela Superior de San Fernando" matritense -como una invención, puesto que la pintura de paisaje estaba considerada solamente como telón de fondo para la figuración- repercutió inmediatamente en Cataluña y sobre todo con fuerza inusitada en Olot, donde su Escuela de Pintura entronizó unas características en los paisajes que adoptaron millares de pintores españoles.
El que esto escribe, que tiene a sus espaldas medio siglo de crítico de arte, puede dar fe que las obras de Sola son un culmen por su maestría dentro de las coordenadas del paisajismo olotense y porque además, puso todo su amor en el empeño creador; posiblemente porque la mayor parte de sus paisajes nacieron en tierras catalanas y muy singularmente en las cercanas a Sant Feliu de Pallerols, de nacencia del pintor. Y como decía un viejo profesor nuestro... "Siempre termina por comunicar amor aquello que se gestó amorosamente".
ANTONIO COBOS
Decano de la crítica de Arte Española
Josep Ma. Sola (Sant Feliu de Pallerols, Garrotxa, 1970) es un destacado continuador de la escuela paisajística que en tan alto lugar ha dejado la capacidad plástica de los pintores de su comarca, cuando plasman en sus lienzos su homenaje particular al ambiente natural en el que se mueven. Sabe que la Escuela Olotense es criticada frecuentemente por la repetición temática, pero no teme a quienes lo consideran fiel a las expresiones más clásicas de ésta. De hecho, la Naturaleza también se repite una y otra vez y siempre consigue la belleza extrema, pues lleva en sí misma la vida, que todo lo exalta. Sola desarrolla fielmente su papel de hombre que se expresa pintando, y que al mismo tiempo, se renueva en cada cuadro que compone. Es un hábil poseedor de unas fórmulas que usa con reiterada constancia, de la misma manera que lo hacen los árboles, la tierra, los ríos y las montañas, pero se encarga de integrarse de lleno en sus trabajos para que éstos dispongan al máximo de su espíritu de artista.
Respetuoso con el paisaje al que sirve, Josep Ma. Sola, pretende representarlo de la misma manera que lo observa. Otros, ejercen su legítimo derecho de interpretar, seleccionar y ofrecer las visiones particulares de los parajes que atraen sus sensibilidades. Poseen la habilidad y la voluntad de hacérselos suyos, pero el artista del que ahora hablamos se entrega al paisaje que quiere representar. Su anhelo es fundirse en cada paisaje y poder así expresar desde su interior las sensaciones producidas por esos escenarios de belleza. Su trabajo es observar los detalles, pero nunca pararse en meras apariencias sino que, incansablemente, busca sus razones interiores.
Desde su juventud, Josep Ma. Sola no rompe con el ambiente que ha encontrado, pero tampoco se muestra conformista. En su pintura es visible el afán vivificante de los motivos, que de tan clásicos como son, se han convertido en esencias para algunos. Él las encuentra, y una vez más, las pone de manifiesto.
JOSEP Ma. CADENA
Critico de arte "El Periódico de Catalunya"
La obra de Josep Ma. Sola, en un ámbito temático, y quizá también en el poético, presenta un carácter marcadamente extenso. Pertenece, ante todo, a la generación de artistas "garrotxins" cuya afición por el arte representa mucho más que un mero condicionamiento natural, y cuya tendencia principal es el seguimiento constante de la naturaleza, sin deshacer su pureza innata. Sus pinturas son el resultado de la pasión por el paisaje y, sin duda alguna, de la demostración constante y sincera del estado de ánimo artístico y personal del autor.
Conservo muy vivo el recuerdo de sus primeras exposiciones y los comentarios favorables y animosos del público que las visitaba; su obra era la combinación de la habilidad con el instinto de superación. Ya han pasado varios años de ello y Josep Ma. Sola ha colgado y descolgado exposiciones durante todo este tiempo, cosechando un considerable éxito que le ha proporcionado una sólida y merecida proyección de futuro. Pero él se mantiene fiel a una línea evolutiva, segura y coherente, que lo ha caracterizado y que el público, tanto nacional como extranjero, le ha reconocido.
Técnicamente, el artista insiste en el color para captar la luz, verdadera protagonista de cada uno de los temas. Así, toman vida hayedos majestuosos, trigales punteados de amapolas, riachuelos sombríos en los cuales se funden la magia de los verdes con el ruido de las aguas, árboles otoñales a contraluz y un largo etcétera.
Una sólida formación académica cursada en la "Escola de Selles Arts" de Olot y complementada con numerosos viajes de estudios le ha permitido repasar y respetar las tendencias actuales, y centrarse en el paisajismo, del cual es un virtuoso. Ha aprendido de maestros y ha aceptado sus consejos. Con su experiencia ha sabido transmitir la esencia a sus alumnos, que a pesar de su juventud, ya ha tenido en cursos de verano dedicados a la pintura paisajística. Podemos decir, pues, que Josep Ma. Sola posee el viento a favor en este mar de tempestades que está por venir y que ya ha encontrado su lugar dentro de la tendencia clásica de la escuela paisajística catalana. Le deseo de todo corazón una buena singladura, y como decían los marineros del siglo pasado al embarcar-se:"¡Que Dios nos guie!" en este cambio de milenio, y siempre.
LLUÍS FERRÉS PLANELLA
Galerista y crítico de arte
Nos encontramos ante un jovencísimo pintor. José María Sola nació en Sant Feliu de Pallerols en el año 1970. Cuando tenía tan sólo ocho años empezó a recibir lecciones del cotizado y admirado pintor José Colomer, y continuó en su taller hasta cumplir los dieciséis.
Trabajador innato, no dejó nunca los pinceles y, en la galería de arte "Quatre cantons" de Olot, expuso por primera vez, causando un fuerte impacto entre los coleccionistas. Fue durante la temporada de 1989.
La pintura de J. Ma. Sola se tiene que encasillar dentro la tendencia artística vulgarmente conocida como "Escuela Olotina". Me confesó que pintaba por vocación y que escogía el tema que más le gustaba, procurando alejarse del estilo de su maestro sin nunca menospreciarle para así ir creando su propia personalidad. Sola sólo quiere ser él mismo y pintar a sus anchas.
A nosotros nos ha sorprendido siempre su seguridad al pintar y el equilibrio que respiran sus obras. A nuestro entender lo que más le elogian es el trato que, en algunos cuadros, da a la luz. Sola -según nuestra opinión- tendría que esforzarse más en pintar la luz la cual vivifica sus cuadros y, acompañada del color, constituye la esencia del arte pictórico, independiente de escuelas, gustos, tendencias o estilos.
El futuro artístico de este joven pintor no puede ser otro que el de consolidar su personalidad, dejando a un lado frivolas voluntades y fluctuaciones estilísticas que le podrían influir negativamente. Nos gustaría que no decayera y que avanzara siempre por el camino que se ha propuesto seguir, por la sencilla razón que, tal como él nos explica, es realmente lo que más le gusta.
ALEXANDRE CUÉLLAR
Crítico de arte
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